Hola de nuevo, tú que te atreves a leer en este rincón. Este nuevo post tiene su origen hace ya varios años cuando a través de una persona que me ha dejado huella –no diré si buena o mala- simplemente “huella”, me descubría, tomando un café de universidad, otras formas de hacer las cosas allende los Pirineos.
Todos/as nos hemos sentido más de una vez -y más de cien- afectados, contrariados o indignados por las “actividades de reordenación de los canales de distribución de servicios” o lo que en lenguaje cotidiano son LAS OBRAS DE LA CALLE. Sí, esos levantamientos compulsivos de aceras y calzadas por parte de las múltiples empresas de prestación de servicios básicos a las viviendas, ya sabes, luz, agua, gas, teléfono/internet, televisión por cable… Actividades que se tienden a realizar en épocas de buen clima (primavera-verano, al estilo El Corte Inglés) que es cuando las personas intentamos aprovechar la luz solar, tras cumplir con nuestras obligaciones, para caminar por las calles de nuestras ciudades y así poder oxigenar –en la medida de lo posible- nuestro organismo y nuestra mente.
“Son como hormigas” [los responsables políticos] tal y como señala la vetusta -pero no desfasada- canción homónima de Barón Rojo, que denuncia el placer que reporta a las personas antes señaladas (los políticos electos), el ordenar obras y levantamientos en las calles de una ciudad. Estas “personas-hormigas” argumentan que una ciudad con obras es sinónimo de ciudad viva, creciente, dinámica… y claro, ¿quién quiere lo contrario para su ciudad? ¿quién quiere vivir en un lugar estático, que no crece y que no avanza? Yo desde luego no… puedo afirmar que tú tampoco.
Ahora bien, siempre hay que mirar un poco más allá de los límites de nuestro imperio y es ahí donde la persona con la que compartí aquél día me dio unos ejemplos de todo lo contrario. Es cierto que una población para avanzar ha de acometer reestructuraciones en sus estructuras, pero no es menos cierto que eso se puede realizar con cabeza y planificación. Me contaba que en no pocas ciudades europeas y a la cabeza de ellas Luxemburgo, estas obras de la calle se realizan también pues son inevitables pero siguiendo otro esquema: cada cierto período de tiempo (dos, tres o cuatro años) se planifica la apertura de las calles por donde pasan las conducciones para que sean remodeladas o aumentadas. La municipalidad se encarga de preavisar con tiempo suficiente a las empresas prestadoras de servicios para que hagan sus planes y decidan si van a mejorar sus redes de distribución, recordando que en otro periodo de tiempo no volverán a hacerse obras. De esta forma las empresas deciden si les conviene o no hacer remodelaciones.
¿Qué supone esto? Pues que ciertamente la ciudad estará abierta durante un tiempo, que se generarán molestias durante el mismo pero, y esto es lo importante, durante los siguientes dos, tres o cuatro años LOS CIUDADANOS/AS PODRÁN DISFRUTAR CONTINUAMENTE DE SUS CALLES sin encontrarse vallas, chapas, agujeros, zanjas ni nada por el estilo.
Por eso me gustaría pedir a los/as responsables de las mucipalidades españolas que se tomen la molestia de aprender de sus homólogos europeos y copiar, sí, copiar algunas de sus estrategias de actuación y así conseguir que todas/os tengamos un poquito mas de calidad de vida en nuestro día a día sin que la ciudad se arriesgue a convertirse en “poco evolucionada”.
Señores/as COPIEN, ADAPTEN, no teman….Teddy Bautista, Ramoncín y la SGAE no les va a denunciar por plagio ni a pedir multimillonarias cantidades por derechos de autor… compartir experiencias con otros municipios del entorno ENGRANDECE y ENRIQUECE.
Después de escribir esto seguiré lidiando con “el dinamismo” del Ayuntamiento de Madrid… si no me caigo en una de sus “dinámicas zanjas” o me ahogo con su “avanzado polvo de obra”.
cuando llevas razón, no puedo hacer otra cosa que reconocertela,esta vez has acertado de pleno!!!!!
Comentario por Begoña — 6 julio 2009 @ 12:32 |